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Hacia una agricultura secuestradora de carbono

Tal y como sucede todos los veranos, tenemos la sensación que este de 2016, que está en su recta final, también ha sido el más cálido de los que recordamos, especialmente después de estos primeros días de septiembre, tan fuera de lo común. Pues ya vendrán los datos climáticos a confirmarlo o desmentirlo pero nuestra sensación no alberga lugar a dudas. Lo mismo que los efectos del cambio climático, que ya observamos, tampoco dejan lugar a dudas de la gravedad del mismo.

Lamentablemente para la Tierra, pero sobretodo, para los seres vivos que la habitamos, es que la gran inercia del sistema hace que los promedios se mantengan básicamente inalterados. Así nos dicen que la temperatura media ha subido 0,6ºC en el último siglo o que en promedio el agua de lluvia es prácticamente la misma todos los años. Pero las medias son cada vez menos representativas de la realidad y lo que sucede es que los fenómenos extremos son cada vez más extremos en intensidad y en valores absolutos.

Una buena noticia para el clima de este último fin de semana, ha sido que los presidentes de EE.UU., Barack Obama, y de China, Xi Jinping, han ratificado juntos el Acuerdo de París contra el cambio climático y en presencia del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Esto implica completar el proceso emprendido tanto por EE.UU. como por China para que ambos países se adhieran formalmente al pacto alcanzado en la cumbre climática de París de diciembre pasado.

«Pese a nuestras diferencias en otros temas, esperamos que nuestro objetivo de trabajar juntos en éste (la lucha contra el calentamiento global) inspire al mundo», enfatizó Obama. Una lástima que al presidente de los EE.UU. le quede tan poco tiempo para seguir influyendo en la posición de su país y en el resto del mundo. Esperemos que la nueva administración que surja tras las próximas elecciones siga su ejemplo, y que este gigante de las emisiones siga, junto a China, liderando el cambio.

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China y EE.UU., son los dos países más contaminantes del mundo, entre los dos suman cerca del 40% de las emisiones globales, con lo que su ratificación del pacto ayudará a estar más cerca de que se convierta en vinculante. Para que el Acuerdo de París entre en vigor se necesita que al menos 55 países que sumen en total el 55% de las emisiones contaminantes globales completen el proceso de ratificación. Antes que estos dos gigantes, ya lo habían ratificado más de 20 países pero con muy pequeñas emisiones salvo Hungría y Francia, los dos primeros países europeos en ratificar el tratado. Hoy hay ya más de 55 países que han manifestado su intención de ratificar el acuerdo antes de que acabe el presente año. Entre los que están ultimando el proceso de ratificación se encuentran Brasil, Argentina, Canadá, México, Camerún, Filipinas, Corea del Sur y Japón.

España ha manifestado su interés en la ratificación pero la situación de interinidad gubernamental que vivimos no lo ha permitido aun. No obstante se supone que una de las primeras acciones del gobierno que se constituya, sea cuando fuere, será precisamente ésta, ya que todos los partidos llevan en su agenda tal propósito.

Si observamos la influencia de los distintos sectores económicos en la generación de gases de efecto invernadero, podemos apreciar como la agricultura es responsable de una cuarta parte de los mismos. También es cierto que en este grafico no se tiene en cuenta el efecto sumidero de CO2 de la agricultura estimado en un 20 %. En definitiva la actividad agrícola global es responsable de un 4% del total de emisiones de gases de efecto invernadero. Este balance no es mejor debido fundamentalmente a:

  • Deforestaciones
  • Erosión
  • Degradación de suelos

Lo más importante del caso es que la agricultura puede y debe ser un sumidero puro. Y de hecho lo es en muchas áreas geográficas de agricultura tecnificada: la EPA (US Environment Protection Agency) considera que la producción agrícola global de los EE.UU es un sumidero neto de GEI.

Resultará muy difícil y caro para la mayoría de los otros sectores reducir de manera sustancial sus emisiones de GEI. Nuestro sector, en cambio, tiene muchas posibilidades de revertir el problema y ayudar a los demás en dicha tarea. Tendremos que tomar conciencia del reto y adoptar medidas que neutralicen los tres factores antedichos, que mantienen positivo el balance global.

 

Javier Bernabéu

SAKATA SEED IBERICA

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