Bioseguridad, innovación y agricultura: por qué la regulación debe evolucionar con la ciencia
Actualmente nos encontramos en tiempos en donde se están definiendo y analizando distintas regulaciones que de una u otra manera afectarán las actividades agrícolas tanto a nivel regional como global. A continuación, resumimos un interesante artículo de la revista Frontiers (The future of Agricultural biosafety regulations) que remarca la necesidad de modernizar y armonizar las regulaciones de bioseguridad agrícola para que, basadas en la ciencia y el riesgo, puedan acompañar de forma adaptativa la innovación en biotecnología y facilitar su adopción segura a nivel global.
Informes internacionales recientes coinciden en que la definición de criterios para la evaluación de la bioseguridad requiere la participación de distintas disciplinas, expertos e instituciones de todo el mundo, para garantizar regulaciones proporcionales al riesgo real, que impulsen la innovación y permitan que los beneficios de estas tecnologías lleguen efectivamente a la sociedad.
Esta necesidad es particularmente relevante, ya que los sistemas alimentarios se enfrentan al reto de garantizar la seguridad alimentaria mediante una mayor eficiencia productiva, cumplir con las exigencias de sostenibilidad y ofrecer alimentos innovadores a precios accesibles. En este contexto, revisar los fundamentos científicos de la evaluación de, por ejemplo, las nuevas tecnologías de mejora genética (NGTs), atendiendo al conocimiento y la experiencia acumulados, es un paso clave para que estas tecnologías puedan avanzar.
En el artículo antes mencionado, se reúne un conjunto de publicaciones que entregan una visión general de los desafíos y oportunidades para adaptar las consideraciones de bioseguridad para el apoyo de la innovación en biotecnología.
Las autoras del artículo comentan que, en el caso de países en desarrollo, se destaca la diplomacia regulatoria y la colaboración como elementos habilitadores de marcos regulatorios funcionales y progresivos. Un buen ejemplo es el caso de Argentina y sus criterios sobre NGTs en donde diversas iniciativas colaborativas y acciones divulgativas se implementaron a nivel internacional, lo que permitió la adopción de dichos criterios en otras zonas geográficas. Se destaca que la actualización continua y la formación de los evaluadores, así como la colaboración interinstitucional son claves para habilitar marcos regulatorios que se adapten y anticipen a retos futuros.
Otro punto destacado en el artículo se refiere a los desafíos y las implicaciones para el comercio internacional derivados de la divergencia de criterios regulatorios entre las distintas regiones por lo que se hacen imprescindibles enfoques armonizados que no solo faciliten el comercio, sino que permitan afrontar la seguridad alimentaria y mitigar los efectos del cambio climático.
Otro punto interesante, que refuerza la necesidad de criterios adaptativos y nuevos modelos de supervisión regulatoria, es que cada día contamos con nuevos descubrimientos científicos y por ejemplo, se ha observado la existencia de plantas que son naturalmente transgénicas lo que hace “re-pensar” varios de los criterios que actualmente se utilizan en las regulaciones de organismos modificados genéticamente, haciendo más importante aún el enfoque en el producto y no en el proceso de obtención de éste.
Por otro lado, uno de los artículos menciona la necesidad de aprovechar la experiencia y conocimiento de los más de 30 años de evaluaciones de riesgo en numerosos países para evitar evaluaciones de seguridad redundantes país por país y propone un modelo global, colaborativo y armonizado que sea capaz de seguir el ritmo de la innovación y facilitar el acceso a sus beneficios.
En el caso de Europa, las autoras mencionan un estudio que revisa la situación de los cultivos modificados genéticamente en la Unión Europea y los impactos que ha tenido una supervisión regulatoria rígida y obsoleta en la innovación, el acceso a las tecnologías por los agricultores y las implicancias comerciales. En este caso es crucial reducir la complejidad actual y alinear esta supervisión con el conocimiento científico actual y la experiencia de otros países.
Por último, las autoras concluyen que en base a la literatura revisada existe un consenso sobre la necesidad de un cambio de paradigma en la elaboración de la regulación y se requiere de colaboración de todos los actores involucrados (de distintas zonas geográficas) para estar preparados ante los próximos desafíos.
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